Escritor uruguayo y misionero por adopción, fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vivida, naturalista y modernista.
Sus relatos breves evolucionaron hacia el retrato realista, casi siempre angustioso y desesperado, de la salvaje naturaleza que lo rodea en Misiones: la selva, el río, la fauna, el clima y el terreno conformando el decorado en que sus personajes se mueven, padecen y a menudo mueren.
Su casa, sus herramientas, sus lugares de inspiración, su vieja motocicleta y hasta la mesa y su máquina de escribir, se encuentran aún en San Ignacio, donde vivió, sufrió, soñó y creo su propio mundo y su maravillosa literatura.
Estos Cerros del Teyú Cuaré, tronchados a pico sobre el río en enormes cantiles de asperón rosado, por lo que se descuelgan las lianas del bosque, entran profundamente en el Paraná formado hacia San Ignacio una honda ensenada, a perfecto resguardo del viento sur. Grandes bloques de piedra desprendidos del acantilado erizan el litoral, contra el cual el Paraná entero tropieza, remolinea y se escapa por fin aguas abajo…” Horacio Quiroga, El yaciyateré.